¿Acaso tiene sentido tu vida?
La pregunta sobre el sentido de la vida es una pregunta básica en todo ser humano, que se ha debido plantear al menos una vez. Todas estas preguntas se discurren a través del diálogo filosófico, del cual extraémos conclusiones coherentes que nos ayudan a definir una respuesta. En la pregunta sobre el sentido de la vida, está directamente explicada la reflexión sobre el cosmos, el origen del universo. Para poder hablar sobre ello hicimos el visionado de algunos videos documentativos en clase que aportaban información extra a nuestros conocimientos anteriores sobre el tema.

Para el origen del universo, el desarrollo de la vida, y todas las preguntas sobre el sentido de la existencia de la vida hay teorías, fundamentadas en hipótesis y experimentaciones, aunque si lo pensamos, la existencia del ser humano corresponde una ínfima parta de un todo que lleva en marcha miles de millones de años, y que seguirá existiendo aunque la vida desaparezca, aunque eso no lo puedo saber con certeza, ya que cuando yo muera, el universo (desde el punto de vista que yo lo concibo) morirá conmigo. Esa gran impotencia sobre el universo y sus grandes cuestiones sin respuesta es la que te lleva a plantearte el sentido de la existencia, ¿acaso tiene alguna finalidad o dirección concreta?¿acaso significa algo?¿tiene algún valor? Es algo desconocido que se pretende averiguar, que genera un problema a la vez que un misterio, y una gran sensación de vacío al pensar en ello, puesto que no hay manera de saberlo.
A nivel individual, dejando de mirar hacia arriba, para mirar dentro de nosotros mismos, nuestra relativa corta vida en la Tierra está condicionada por muchos otros factores más pequeños pero que individualmente cobran más importancia que el mismo cosmos. La vida está llena de valores maravillosos, de sentimientos, y si no le encontramos un sentido a nuestra vida, estaremos condenados a vivir amargamente hasta el día de nuestra muerte. Por eso, soy partidaria de pensar que pase lo que pase después, ya que no tenemos poder sobre ello, y aunque suene a tópico, de aprovechar cada segundo de nuestra vida, encontrarle un sentido y disfrutarla, hasta el día en que muramos. Así, a mayor o menor escala, todo el mundo tiene una función y su vida tiene un sentido determinado, siempre. Personalmente tengo que añadir que, me niego a pasar indiferentemente por este mundo pareciendo que no hubiera vivido, por eso cada individuo aporta siempre algo, y eso cobra sentido. El sentido que le des a tu vida está estrechamente relacionado también con la felicidad, y podemos decir que todo depende también de lo que consideres vivir y del sentido que le des a la vida. ¿hay vidas mejores que otras? Definitivamente hay gente que piensa que si, basándose en que vivimos en un mundo de desigualdades, y no sólo refiriéndose a lo material. Pero, creo que la mejor respuesta como conclusión a esta pregunta que respondimos en clase es la famosa cita de Epicuro: “No es más feliz quien más tiene, sino quien menos necesita”

Sin embargo, hay algo irremediable que termina con la vida y su sentido, y es la cesación irreversible de las actividades vitales, es decir, la muerte. Y respondiendo a la segunda de las preguntas fundamentales de la filosofía, corresponde a una de mis preocupaciones, simplemente porque me aterra dejar de sentir. Dejar el mundo tal y como lo conozco, para simplemente desaparecer, o quien sabe, enfrentarme a algo que es completamente desconocido, me preocupa, aunque se trate del ciclo por el que todos tenemos que pasar. Pero a pesar de esta preocupación, tengo claro que no hay que dejar que los miedos te cohíban por completo.
La tercera pregunta filosófica que se nos planteó abarca otro de los temas más importantes: la existencia del mal. ¿Crees que existe el mal?
Sin duda el mal existe, y está presente continuamente en cada una de nuestras vidas.
Personalmente, concibo el mal como algo externo y aislado a cualquier religión o existencia divina que justifique la existencia de un Dios bueno ante el mal.
El mal está presente de manera metafísica (identificado con la finitud de las cosas), de manera física (pues procede del funcionamiento de las leyes naturales) y moral (que tiene su raíz en el último término en la libertad de los seres humanos para elegir entre diferentes formas de acción)

Finalmente, y no por ello menos importante, se nos planteó la última pregunta filosófica fundamental, directamente relacionada con nuestra concepción del mundo utópico: ¿En qué mundo te gustaría vivir?
Al plantear la pregunta sobre un “mundo ideal”, mi primer pensamiento fue un mundo sin mal. A mi modo de ver, suprimía todas las cosas que según mi código moral son injustas o no son correctas, lo que desembocaba en un mundo igual para todos. Estuvimos debatiendo este concepto en clase, y en mayoría compartían la opinión de que el mundo ideal era éste en el que estamos viviendo. Hasta que al fin llegamos a la conclusión de que no consistía en dar una visión cerrada de nuestra propia vida y extrapolarla al mundo entero, porque es completamente falso, se tendrían que cambiar infinidad de cosas para que éste fuera el mundo ideal. Hay una gran diversidad de ideas y puntos de vista sobre cómo podría cambiar el mundo, pero en su mayoría todas coinciden en el concepto de igualdad.
Transcurridas las dos primeras clases, hice una reflexión más profunda sobre el tema. El sistema que yo estaba proponiendo como mundo ideal era un sistema claramente comunista. Pero este sistema, a pesar de tener muchos puntos a favor, tiene otros tantos en contra, puesto que frena el progreso, por lo que me plantee abrirme a otras posibilidades que no abarcaran solamente un extremo. Llegué a la conclusión de que en el mundo tiene que haber un equilibrio. No existe el bien, si no existe el mal. El gran problema de la humanidad es que esa balanza esta demasiado inclinada hacia el lado opuesto, no se hace nada por solucionarlo, y cada vez está más lejos de conseguir un equilibrio que tire más hacia el bien. Así, la solución real para poder conseguir un mundo mejor es vislumbrar esos objetivos aparentemente utópicos, y en el afán por llegar a ellos, compensar la metafórica balanza, puesto que a pesar de lo que mucha gente piensa, si que podemos cambiar el mundo, y si que podemos hacer de este lugar un lugar mucho mejor, porque podemos cambiar muchas cosas.
En conclusión, y basándome en las formas de utopía de la historia, ésta concordaría en primer lugar, con la utopía socialista utópica , que concibe el valor del ejemplo como motor de transformación hacia una sociedad emancipada.
Esta utopía, estaría combinada también con el modelo de utopía ilustrada, que consiste en la utopía pedagógica, centrada en cómo debe ser el proceso educativo para desarrollar la bondad del hombre.
Para concluir con estas reflexiones, quisiera concluir con un texto que leí por casualidad y cuya fuente desconozco, pero me parece que define a la perfección mi idea real de mundo utópico:
“(…)Ojala, el cierre de la Edad Contemporánea suponga un período transitivo, pasajero, largo y fundamentado en la educación en valores humanos, absolutos todos ellos, y que den a los más de 36.000 millones de habitantes del globo, la capacidad de creación de una colipolis ordenada, donde el más puro anarquismo haga de su “dudosa” existencia, una presencia sobresaliente. Ojala. Y ojala, cada cuarto de ojo pierda un cuarto de ceguera en cada humano, y ojala, cada cuarta parte “dedicada” a la dictadura de los sentimientos, logren la adecuación del planeta a los que algunos llaman “realidad”, construyendo igualdad, construyendo legalidad (de la que no recogen códigos); porque las leyes, son para los salvajes, y los salvajes, son evitables.”




